La verdad es que la meteorología se ha empleado a fondo, pero no ha sido suficiente para lograr la victoria en la encarnizada batalla por el protagonismo. Recién recogidos los regalos de Reyes y los pastores del Nacimiento, durante todo enero y febrero se fueron turnando las nieblas y los soles radiantes con los frentes, las borrascas, la nieve, los atardeceres rojizos y algunos amaneceres negros como boca de lobo para intentar que nos enterásemos de que habíamos entrado de lleno en el Año Internacional de la Luz; pero no contaron con la perfecta y escalonada sincronización entre las decisiones de Artur Mas y Susana Díaz, las primarias de los distintos partidos y la manifestación madrileña de Podemos, que han venido a sumarse a las convocatorias que ya se conocían, poniendo de manifiesto que, entre los Pirineos y Gibraltar (y, Atlántico abajo, hasta las islas Canarias), esta efemérides europea está claramente eclipsada por otra conmemoración patria: el Año Nacional de las Elecciones que no cesan.

Esta evidencia me ha llevado a releer un par de libros y una docena de artículos sobre comunicación política -desde el famosísimo Maxwell Mc Combs y su Setting the agenda, hasta los habituales nacionales  de la ACOP, como Antoni Gutiérrez Rubí o María José Canel-, porque, aunque para políticos, periodistas y ciudadanos en general este será un año de ajetreo, incertidumbre, emoción, alegrías, sorpresas y decepciones –a partes desiguales-, para dos sectores de la profesión periodística (los dedicados a ejercer la comunicación política o institucional y los empeñados en su estudio) 2015 será su  particular año de la luz y de las tecnologías.

Y no solo para ellos. Las elecciones municipales, autonómicas y generales que irán jalonando el año 2015 (¿y principios de 2016?) prometen ser un terreno inmejorable para entender la naturaleza y las dimensiones reales de los cambios que todos intuimos: cómo y hasta qué punto las redes sociales, los dispositivos móviles y la irrupción a ellos ligada del llamado periodismo ciudadano –junto con el debut electoral como formación política del movimiento indignado- transformarán el escenario, los decorados y la trama de un rito que ya venía siendo incluso monótono. Cómo afectarán a la confección de la imagen de cada candidato, a los mensajes que articularán esa imagen, a la elección y elaboración de los materiales que los plasmarán, a la gestión de los distintos soportes físicos y virtuales, a la recepción y tratamiento de los mensajes por parte de los medios de comunicación y los líderes de opinión, y a la percepción, reacción y veredicto final de los ciudadanos con el voto.

Haces de luz –solar, incandescente, fluorescente, halógena, led…- deberán proyectarse sobre todos y cada uno de los pasos y aspectos de este proceso al que la profesora Canel llama “el mundo teatral del espectáculo político, en el que los temas, los lugares o los conflictos entran en un mecanismo dramático del que sale un héroe, los leales, los fraudulentos, los vencedores y los vencidos”.

Aunque los frutos de esa luz solo serán plenos al final del proceso, el comienzo del espectáculo ya promete como objeto de estudio. En la configuración de la imagen del héroe, la irrupción de Podemos en la escena, así como el relevo en la Secretaría General del PSOE y la designación del candidato de Izquierda Unida sin necesidad de primarias, ya nos permitieron atisbar un cambio de paradigma -se pasaba del gestor experimentado al joven honesto y carismático que intentaría asaltar el poder para renovar y limpiar las estructuras-, que , sin embargo acaba de ser matizado con la designación de Gabilondo como candidato del PSM a la Comunidad de Madrid. En cuanto a la elección de soportes y canales, aunque es pronto para predecir cómo serán en las respectivas campañas, sí ha habido ya algunas pistas -como la famosa llamada de Pedro Sánchez a Jorge Javier Vázquez de “Sálvame” o la revelación de Pablo Iglesias sobre el origen de los sms en la jornada de reflexión en las elecciones de 2004- que también en estos campos nos hablan de cambios dignos de análisis. Y lo mismo respecto a la elaboración de mensajes, que más que de un espectáculo teatral parecen hablarnos de un musical (más dirigido al corazón que a la cabeza), del que por ahora solo conocemos los estribillos –Podemos: “Ya está bien de corrupción, es hora de que el pueblo tome el poder”; PSOE: “Recuperemos los derechos que se han perdido por culpa de los recortes”; PP: “Hemos vencido a la crisis y se vuelve a crear empleo”; UPyD: “Es necesario superar el bipartidismo”; IU: “Hay alternativa al capitalismo salvaje”-, pero nos faltan las estrofas o los recitativos.

De la misma forma que Charles Alston juega con las luces y las sombras en su cuadro Forja de la democracia (fotografía que acompaña este artículo), merecerá la pena celebrar el año internacional de la luz observando cómo los fenómenos de propagación, dispersión, reflexión y refracción de la luz de cada uno de los focos (de la indignación, el desencanto, la regeneración, el realismo, la inercia, la determinación o la esperanza) van configurando la imagen de nuestra escena política y comunicativa.

 

Dolores Alonso

 

 

Imagen: Democracy’s Forge. Autor: Charles Henry Alston (1907-1977). Imagen procedente del NARA (National Archives and Records Administration, USA)