El tema es complejo y está en plena ebullición con la futura Ley de Propiedad Intelectual en fase de enmiendas en el Parlamento Español. Parece que la suerte está echada, pero los contrincantes se dejan la piel como en la final de la Champions.

Los principales actores mantienen posiciones enfrentadas como informa El Confidencial. AEDE y CEDRO, por una parte, favorables a la tasa y a la forma en que está recogida en el borrador legislativo; CEOE y agregadores como Menéame por otra, en desacuerdo con ella y con la irrenunciabilidad que se le asigna, cuestión no menor como ha destacado recientemente un informe de la CNMV.

La futura norma afectará mucho al escenario de juego, un escenario ya de por sí complejo y cambiante, sin olvidar lo que nos atañen las directrices europeas sobre la cuestión. La clave es el cambio del modelo de negocio, pero de momento no se atisba un horizonte claro.

Como señaló Mario Tascón recordando a McLuhan, corremos el riesgo de mirar el futuro por el espejo retrovisor. Si queremos mirar al futuro, tenemos que hacer cosas distintas en el presente, cosas distintas a nuestro pasado. ¿Cabe una tercera vía que recoja algunas aspiraciones de unos y de otros, que deberían ceder también en otras?

Y sobre todo, ¿no sería necesario que los periodistas tuviéramos más voz en esta ley que toca el corazón de nuestro trabajo?  Al fin y al cabo, si el futuro pasa por el emprendimiento, el trabajo autónomo y la marca personal, no es indiferente cómo resulte la normativa, cómo se aplique y qué haga Google al respecto.

Rocío Luque

Periodista