“Supongo que un buen periódico es una nación hablando consigo misma”, dijo Arthur Miller en 1961 y el dramaturgo americano dio con una de las claves del proyecto intelectual que debe haber tras cualquier cabecera que quiera ser influyente: una realidad nacional compartida.
Un periódico que quiera ser nacional y no sólo local o temático debe conseguir reflejar el pluralismo de la sociedad a la que se dirige, porque uno de los presupuestos de cualquier diálogo es estar hablando de la misma realidad y a veces da la sensación de que los llamados periódicos nacionales sólo hablan de Madrid.
La cuenta en Twitter de Conversaciones decía esta semana pasada:
Duro y contundente: “En España la prensa nacional es ahora sólo prensa de Madrid”, @alfarmada en #PeriodismoAfrica
— Conversaciones con (@conversacionesc) 4 de octubre de 2016
El tuit se refería a unas declaraciones de Alfonso Armada, director de ABC Cultural, en un foro sobre África. El tuit efectivamente es contundente sobre una realidad de la que somos más conscientes los que vivimos en “provincias”. Desde Galicia se observa con cierto pasmo lo que se dice sobre políticos que ejercen en Galicia e imagino que desde Andalucía o Castilla-La Mancha ocurrirá lo mismo. Al cerrar las delegaciones de los periódicos antes conocidos como nacionales, no hay una continuidad en la información sobre España sino sobre Madrid.
Estas semanas se ha puesto más en evidencia, porque políticos que ejercen fuera de Madrid como Núñez Feijoo o Susana Díaz pueden tener mucha relevancia en la política nacional en los próximos meses. A pesar de lo que parece, ambos son unos desconocidos.
Esa desinformación es oportunamente aprovechada por esos políticos de los que hay que informar, que se visten de todas sus galas cuando visitan la capital sin que haya un periodista que les recuerde sus puntos más oscuros.
La fragilidad económica de los periódicos también se manifiesta en esa escasez de información y abundancia, no obstante, de opinión. Los medios nacionales no han dejado de opinar sobre lo que ocurre en Galicia o en Andalucía (añádanse todos los territorios que forman parte de España) pero sin documentarse sobre la realidad y haciendo calas oportunistas –unas elecciones, una visita a Madrid de los presidentes autonómicos, una entrevista- cuando el personaje adquiere cierta relevancia puntual.
El gran perjudicado es el público, que si quiere tener una imagen exacta de lo que ocurre en España tendría que acudir a los medios locales, algo imposible para la inmensa mayoría de las personas, por muy interesadas que estén en la política nacional.
¿Hay alguna solución a esta carencia? Ayer leí que Ignacio Cembrero, que era corresponsal de El País en Marruecos (lo expulsaron del país y El País no le defendió), experto en islam, autor de La España de Alá, vuelve al periodismo en El Confidencial escribiendo sobre lo que más sabe, Marruecos. No sé si será una colaboración con continuidad.
Lo que me sugiere esto es que ya que no hay dinero para mantener delegaciones (parece ser) en las autonomías, un analista o cronista (nunca, nunca confundir con un columnista) parece más adecuado para seguir la actualidad de un territorio que una persona que simplemente escribe una noticia cuando hay un suceso o unas elecciones. Por extraño que pueda parecer, la desinformación sobre lo que no es política madrileña está haciendo necesario que vuelvan los cronistas enviados especiales, casi como si estuvieran en el extranjero; y que esos cronistas tengan protagonismo cuando se informa de los personajes que, de vez en cuando, buscan el escaparate de Madrid.
El diálogo de una nación consigo misma sólo es posible cuando se está hablando de la misma nación, no de territorios ignotos habitados por gentes ignotas que periódicamente visitan la capital. Quizá estoy exagerando, quizá no.
Montse Doval | @mdoval
Profesora de la Facultad de Ciencias Sociales y de la Comunicación. Universidad de Vigo







El problema, a mi parecer, es anterior a la crisis. Desde los medios ‘nacionales’ con sede central en Madrid siempre se ha sentado cátedra sobre qué interesa a sus lectores regionales, qué temas son relevantes y cuáles no, ninguneando la experiencia de los profesionales de sus delegaciones locales/regionales. Es una cuestión de superioridad geográfica, de pensar que Madrid da poderes de discernimiento que superan el conocimiento in situ. Obviamente este mal mesetario se ha agravado con el cierre de delegaciones y al prescindirse de corresponsales en aquellos medios que tenían algo más en cuenta el saber local.