Helena Resano empezó a presentar los informativos de la Sexta en 2006. Eran los inicios de la Cadena. Tenía 32 años y trabajaba en el gigante Canal 24 Horas, cuando decidió liarse la manta a la cabeza y cambiarlo todo por un proyecto que entonces era nada apenas. Hoy, su informativo lidera la parrilla cada mediodía.
Esta no es la historia de una periodista. O no sólo. Es la historia de un equipo muy pequeño, que en diez años ha conseguido competir cada día con los grandes y, muchas veces, ganarles.
Como buena narradora, Resano sabe que en los primeros párrafos se lo juega todo, por eso elige un presentador de lujo, aunque sea competencia. Vicente Vallés (Informativos de Antena 3) firma un prólogo muy completo que contextualiza al lector para entender lo que vendrá después:
“La dialéctica entre la pasión por contar noticias como deben ser contadas y la necesidad de contar el dinero como solo puede ser contado (en el caso de que se ingrese) es el yin yang de nuestra profesión”
El yin yang de esta historia es de lo más entretenido. El lector entenderá la pasión que movía a aquellos pioneros a hacer cosas entonces impensables, ahora imprescindibles, como integrar en la redacción a un equipo de grafistas, para crear todo lo que no existe en un informativo pero sí vemos en las pantallas de casa.
O poner al departamento de Documentación a comprobar cada dato escrito por un redactor (el ahora tan familiar fact-checking).
O cubrir unas elecciones americanas, las de 2008, sin cámara ni ordenador. Chicago, Miami, entrevistas a candidatos… Sólo con un iPhone. Parando cada treinta segundos para poder enviar los vídeos desde el teléfono.
Continúa Vallés explicando que el reto de los informativos en televisión es no quedarse en la imagen y dar contexto, contar las cosas con profundidad. Y que, en plena época de hartazgo de la política tradicional, “La Sexta supo apreciar que en España estaba pasando algo importante y se desplegó para contarlo. Y llegaron las buenas audiencias. (…) La tormenta perfecta estaba ahí, pero había que saber apreciar su verdadera dimensión con criterio periodístico, y atreverse a exponerla en televisión. Y La Sexta lo hizo”. Como afirma Vicente, nadie entró tan de lleno en analizar las consecuencias del 15-M, aunque algunos les critiquen por ello.
El ingrediente que nunca falla en cualquier historia de periodistas es la adrenalina, pero en una carrera de 20 años no todo puede ser redondo. Resano recorre también algunas etapas aburridas. En los inicios de su carrera, trabajó durante varios años en la sección de Sociedad, donde desplegó toda su creatividad para contar, con la ilusión de la primera vez, la vuelta al cole, la celebración de Fin de Año, o las procesiones de Semana Santa.
También ha habido momentos dolorosos, como el pánico que sintió en 2008, cuando tuvo que someterse a una operación de espalda que tenía serio riesgo de afonía crónica.
Incluso algunos sucesos cómicos. Por ejemplo, enterarse de la noche a la mañana que su compañera de trabajo, que ese mismo día le había preguntado por su bebé, era la nueva Princesa de Asturias. Y dar la noticia a toda España dos horas después. Tener la exclusiva del año delante durante meses y ni siquiera haberlo sospechado.
Helena Resano acaba de publicar un libro titulado La trastienda de un informativo (Alienta Editorial), en el que recoge lo que llama “apuntes de una carrera profesional”. Una carrera que parecía destinada a desarrollarse en la radio, pero que casualmente saltó a la televisión. Y allí llegó para quedarse.
En 2013, fue una de las participantes en la primera edición de Conversaciones y el titular de aquella entrevista habla de una forma de vida: “El periodismo es aprender, aprender, aprender diariamente”
Al final del libro (y esto no es un spoiler) recuerda Resano la visita de Paul Steiger a Madrid, en enero de este año. En ella, contó cómo en Estados Unidos estaban consiguiendo algunos modelos periodísticos digitales rentables, como su ProPublica o Vice News.
El periodista neoyorquino explicó por qué una sociedad que no se informa es mucho más vulnerable y habló de la necesidad que tienen los medios de recuperar la credibilidad por parte del público.
En este proceso, juega un papel clave la ética personal de los profesionales. No significa ser ejemplar, ni impecable, sino honesto contigo mismo y con tu trabajo. No dejar de indignarte o sorprenderte ante una injusticia, un abuso, un soborno o una desgracia. En definitiva, no acostumbrarse.
Carmen García Herrería | @carmengherreria






