Cambio de modelo, innovación disruptiva, redacciones integradas. A estas alturas pocos medios de comunicación no se han encaramado a la montaña rusa del cambio y resisten, como románticos capitanes náufragos, en su barquito de papel.

Los progresistas auguran la muerte del periódico tradicional, los conservadores a ultranza enarbolan su bandera y el ancho margen de los apóstoles del diálogo buscan soluciones para lograr la coexistencia en esta “evolución tecnológica de las especies” sin precedentes en el mundo mediático desde la invención de la imprenta.

El 9 de abril del año pasado Éric Fottorino, escritor, ex director general de Le Monde; Laurent Greilsamer, ensayista y ex subdirector de Monde y Natale Thiriez, especialista en informatización de las redacciones de Télerama, Vogue, Match, etc., tuvieron la osadía o la insensatez de lanzar un periódico semanal de formato más que asabanado bautizándolo con la triunfalista cabecera Le Un.

Le unÉsta es su declaración de intenciones: “Desde el 2000, el mundo de los medios está experimentando una revolución dramática ocasionada por las tecnologías digitales de un poder sin precedentes. El desbordamiento de información desdibuja el sentido de los acontecimientos y los priva de la perspectiva. Ante esta arremetida, hemos construido un periódico decididamente diferente, de un radicalismo asumido. Su título lleva consigo nuestra voluntad de innovar. Su nombre 1”.

“Uno” de unidad de conocimiento y sensibilidad artística, con un solo tema abierto al diálogo con otros universos del saber; “uno” de lectura inferior a una hora, porque el lector de hoy no dispone de más tiempo; de inspiración y energía primigenia en cada número; de 100% información sin publicidad; de rupturismo con el modo de escribir y de leer, donde tiempo y actualidad no imponen los contenidos; de innovación en la maquetación y el formato.

Para ello cuentan con una redacción periodística y un equipo de diseño y edición joven, creativo y sobradamente preparado; un inmueble moderno y diáfano y un consejo editorial de campanillas: Louis Chevaillier, director editorial de Ediciones francesas campo Phebus; Julien Clément, Doctor en Antropología y subdirector del departamento de investigación y enseñanza del Museo del Quai Branly; Sylvain Cypel, periodista especializado en temas internacionales; Anne-Sophie Novel, economista y escritora; Robert Solé, escritor y periodista durante 40 años de Le Monde; Hélène Thiollet, investigadora en el CNRS / Sciences Po, especialista en las relaciones internacionales y la migración; y Loup Wolff, Sociólogo Estadístico, director de INSEE investigador en el uso de Centro de Estudios y co-director de gestos dom.

El semanario físico “no se ojea, se pliega y se despliega como las alas de un pájaro”, dice Fottorino, pero milagrosamente tiene ocho páginas, porque combina formatos, según las posiciones y momentos de plegado y las diversas caras del papel. En digital puede verse en https://le1hebdo.fr/ pero se pierde la experiencia deliciosa de los tres movimientos: el “Origami Yoga”, como le llaman. Una sola hoja en formato A4 que se despliega, en dos y luego en cuatro y en ocho, ajustando géneros a la extensión, hasta convertirse en un gran póster con reportajes, infográficos y fotografías.

Por el momento les va bien. La venta directa y las suscripciones son sus únicas fuentes de ingresos. Tienen 25.000 compradores semanales, 7.000 abonados y 18.000 que van cada miércoles al quiosco, más 2.000 que acuden a comprarlo a las librerías. Su objetivo es llegar a 10.000 abonados a finales de 2015 y alcanzar los 30.000 lectores semanales. Cada ejemplar vale 2,80€ en Francia y se vende además en países francófonos como Bélgica, Suiza, Canadá o Marruecos.

Le Un, de la compañía FGH Invest, puede ser un soplo de aire fresco y una fuente de inspiración para todos los modelos de negocio, un prodigio de tradicionalismo e innovación que se abre al único futuro posible de la prensa en papel como analista de información y creadora de opinión, al tiempo que recoge las lágrimas de la nostalgia con formato, tipografía y colores elegantes y gráficos e ilustraciones llenas de estilo, glamour y charme, dignos de un coleccionista.

 

Cristina Abad